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Procesos de selección en 3D: Se buscan agentes de cambio

Nunca he visto una oferta de empleo de “agentes de cambio”, que busque activistas de cambio en cuanto a la cultura y a los valores empresariales. Personas que aporten una nueva perspectiva que tenga en cuenta la responsabilidad individual como punto de partida del talento responsable y comprometido.

Para ser agentes activos de cambio tiene que haber verdadera voluntad de cambio. Pero, en realidad, ¿cuánta gente quiere cambiar las cosas? ¿cuántas personas tienen un propósito más allá de una vida estable, tranquila y cómoda?

¿Y esto realmente, importa? Evidentemente, somos libres, nadie está obligado a querer mejorar el mundo, a preocuparse por los demás, a pensar en las consecuencias de sus acciones y decisiones y a responsabilizarse por ellas. Sin embargo, en una sociedad global, interdependiente e interconectada las decisiones particulares importan e impactan. Conviene saber y recordar que tenemos una programa común y compartido para toda la humanidad, una invitación a unirnos para mejorar los problemas más graves de nuestro mundo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas para 2030, algo que debe de comprometernos e interpelarnos a todos .

Cuando realizas entrevistas dentro de un proceso de selección, te das cuenta de que los requisitos requeridos por la organización no suelen ir más allá de un determinado perfil académico y profesional y algunas competencias concretas, como liderazgo, comunicación, trabajo en equipo y buena disposición. Sin embargo, cuando en una entrevista tienes la oportunidad de charlar con cada una de esas personas, con los candidatos, te das cuenta de que lo verdaderamente importante no es el perfil técnico o su cualificación, sino lo que son como personas, sus valores.

La gran mayoría tiene objetivos y retos personales estupendos, pero no tienen un «propósito» un para qué más allá de sí mismos. La diferencia radica en un sentido trascendente, que va más allá de uno mismo y de unos objetivos puramente egocéntricos.

Cuando preguntas por las aficiones y la forma de ocupar el tiempo libre el 95% responde: leer, viajar, hacer deporte, estar con amigos,… pero hay un 5% que responde que dedica parte de su tiempo libre a actividades de voluntariado, a actividades que aportan algo positivo a la sociedad, a su compromiso con alguna causa en la que creen, algo en lo que aportan, sin esperar nada a cambio. Esto de regalar el tiempo no está de moda, pero es difícil que pueda funcionar mucho tiempo un mundo que piensa más en precio que en valor.

No quiero ni mucho menos enjuiciar o valorar las prioridades de cada uno. Todas son completamente válidas y legítimas. Pero sí es cierto que estas respuestas ofrecen una clara visión de la jerarquía de valores personales, y también una prueba de que valores como la solidaridad, el compromiso, la interdependencia, e incluso el trabajo en equipo, no significan lo mismo para quién invierte tiempo en “aportar” y quién lo emplea sólo en satisfacer deseos.

De igual manera que no es lo mismo trabajar sólo para ganar dinero que trabajar para “mejorar el mundo a través de tu trabajo”, y también por supuesto, ganar dinero.

Si las empresas y organizaciones comienzan a poner en valor la necesidad de talento responsable y comprometido, y a incluir en los procesos de selección los valores como elemento decisivo y diferenciador, sin duda generarían un movimiento positivo que además les ayudaría a atraer a “los mejores” profesionales.

Es necesario promover un cambio en la gestión de personas, superando la selección y la gestión por perfiles técnicos, competencias y habilidades y pasando a la gestión y a la selección en 3D: la dimensión ética, social y medioambiental. Poniendo en valor a los profesionales que aportan, que transforman la cultura corporativa desde dentro, desde su contribución y su trabajo diario. Porque la ética de una empresa se plasma en las pequeñas acciones y en el día a día.

Hacen falta muchos más profesionales valientes y generosos si queremos entre otras cosas, lograr nuestro proyecto común de aquí a 2030. Hacen falta personas con valores que hagan más habitable y justo el mundo en que vivimos.

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