Hay palabras que, al pronunciarlas, nos damos cuenta de que está vacías de significado, o de que las hemos usado para referirnos lo que no era. Es como cuando conoces a una persona que se llama Juan y etiquetas a todos los “juanes” con las características del primero.

Hemos llamado valores a muchas cosas, y a cosas que no lo son, y lo peor, hemos dicho que eran nuestros valores, pero los hemos traicionado.

Hay términos que se ponen de moda y que usamos tanto que acabamos por agotarlos y por cansarnos de ellos. Parece que después, lo que sucede es que alguien comienza a llamar a lo mismo de forma diferente para poder seguir entendiéndonos. No se si será el caso de la palabra “valores”,pero sin duda, es una de esas palabras víctimas del uso inapropiado.

Yo no quiero cambiar de palabra, ni inventarme una, lo que quiero es recuperar su esencia, su sentido y su riqueza. La falta de credibilidad y de confianza en un concepto se convierte en un barrera, hace que tengamos prejuicios y nos predispone para ser incrédulos. No entiendo porqué cuando hablamos de ética, de valores, o incluso de RSC, hay mucha gente que te dice, “yo eso no me lo creo”, ¿Será que es cuestión de fe? Al parecer esto de que los valores sean intangibles aún está reñido para muchos con la medición, o los resultados, y por eso los tratan como cuestiones triviales.

Cuando Pronunciamos la palabra valores, cada persona la convierte inmediatamente en su cabeza en una “nube de tags” de palabras y de ideas que interpreta como valores. Yo quiero pensar en la palabra valores como algo “valioso” y vigente.

Los valores son las herramientas para guiarme a conseguir mi propósito y objetivos. Esos son nuestros valores personales, que conviene que identifiquemos en algún momento de nuestra vida. Además, todos los seres humanos tenemos valores reconocidos que comprtimos, y es importante que no lo olvidemos.

El proceso de “devaluación” de los valores proviene de las crisis sociales, sobre todo las que tienen que ver con la corrupción dónde es más evidente y dolorosa la falta de ética. Tiene también mucho que ver, con la crisis de los valores de las empresas y corporaciones. Prácticamente todas las compañías tienen descritos sus valores, beliefs, o principios,… con más o menos acierto. El problema es que esos valores se queden en buenos deseos, en una mera declaración de intenciones. Si los valores corporativos no se respiran en la compañía, si no representan a la cultura de la Organización, es mucho mejor no hablar de valores para no provocar la pérdida de confianza de nuestros colaboradores y clientes.

La falta de esencia de nuestra empresa se respira dentro, en casa, entre nuestros empleados, pero también fuera. Los clientes, proveedores, los grupos de interés de una empresa en general, saben perfectamente si esa compañía se rige por sus valores, si actúa de forma correcta, y si es coherente. Basta con saber cómo tratan a sus personas, los de la casa, y ver cómo hacen sus productos. Así sabemos qué es lo realmente importante para la Compañía, el “porqué” hacen las cosas.

En la búsqueda de la excelencia organizacional no puede faltar esta exigencia de honestidad y coherencia a nivel corporativo y personal. El poder de una empresa no es más que el poder colectivo de todos los que trabajan en ella. Por esa razón es tan importante que la búsqueda y la exigencia de excelencia también suponga un reto individual.

 

Conviene recordar que no podemos separar la esfera personal y profesional, pueden ser dos sombreros distintos, pero sobre la misma cabeza. El error muchas veces es intentar pensar valores corporativos que no tienen nada que ver con las personas y no se identifican con ellos.

 

¿Qué podemos hacer para recuperar la credibilidad de los Valores?

  1. Reflexión: En primer lugar creo que exige una reflexión personal. Es difícil identificarse con otros valores sino sabemos cuáles son los nuestros, y cuáles son nuestros anti-valores. Es decir, aquello que no estamos dispuestos a aceptar bajo ningún concepto. Además de la reflexión personal, es necesaria una reflexión colectiva, en los grupos, comunidades, empresas, instituciones. Los valores deberían revisarse de vez en cuando, y actualizarse a las necesidades y retos actuales.
  2. Diálogo: Los Valores no se imponen. Como diría Machado, ¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla.. El éxito de los valores compartidos reside en la identificación de todos para que exista un compromiso. Y para eso hay que sentirse parte, implicado en el proyecto, por esta razón es necesario preguntar, dialogar, y buscar juntos
  3. Aterrizar los valores. Los valores no pueden ser nubes en el cielo. Tenemos que traducirlos en comportamientos tangibles, en instrucciones prácticas y realistas, si no, seguirán siendo póster inspiradores que decoran las paredes de la empresa y nos hacen pensar lo bonito que sería si fuera verdad. Para lograr realizar los valores tenemos que trabajarlos, hablar de ellos, dar formación, hacer talleres, en definitiva, darles la importancia que tienen como brújula que guía nuestros pasos.

 

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