Competencias en potencia (con prudencia)

Estamos en el momento de la gestión por competencias. La mayoría de las empresas utilizan ya este modelo, sus puntos fuertes son: el desarrollo profesional, la detección y cultivo del talento y el pensamiento estratégico.

El gran paso adelante de la gestión por competencias es que implica pensar en un desarrollo personal-profesional. Las evaluaciones del desempeño basadas en las competencias favorecen a las personas en cuanto que pueden mejorar y avanzar en un plan de carrera que se ha trazado para ellos.

Esta forma de entender el trabajo hace que las empresas y sus personas pueden crecer y desarrollarse a la vez.

La competencia se define como la forma en que una persona utiliza todos sus recursos para resolver una tarea en un contexto determinado. Siempre que se habla sobre competencias me vienen a la mente las virtudes aristotélicas.

Aristóteles habla de virtudes, pero no como nosotros entendemos hoy esta palabra. La virtud es hacer bien lo que se hace. Virtud al estilo griego es igual a competencia. Aristóteles distingue entre virtudes(competencias) intelectuales y virtudes éticas.

Las primeras tienen que ver con la acción y las segundas se refieren al control de las pasiones. Podríamos asociar las competencias técnicas con las virtudes intelectuales (dianoéticas) y las genéricas con las virtudes éticas, es decir, con las que se refieren al conocimiento de nosotros mismos.

Las competencias son un ser en potencia: conocimientos-habilidades- aptitudes, susceptibles de desarrollo, hasta llegar a su ser en acto. La teoría de la potencia y el acto aristotélica nos puede resultar muy útil para la gestión del talento y el desarrollo de las competencias.

Para que nos entendamos, podemos detectar que alguien posee la semilla de una competencia, es decir algunas cualidades. Para que esa semilla llegue a ser árbol necesita agua y tiempo para crecer y desarrollarse. Si hacemos esto, tendremos un árbol muy competente, la semilla de la competencia desplegada.           idea

Toda potencia lo es respecto de un futuro acto. Algo es en potencia porque es acto en relación a algún conjunto de propiedades, por ejemplo ser hombre respecto del niño. Por lo tanto, no se pueden desarrollar competencias de las que no vemos ni un pequeño atisbo. Sólo llegan a ser en acto cuando se dan un conjunto de propiedades aunque sean en forma de semilla.

Si planteamos las competencias como cualidades que tienen la capacidad de llegar a ser, nos ocuparemos de poder desarrollarlas. Una inteligente gestión del talento está en detectar las semillas de las competencias y saber desplegarlas.

En la gestión, menos es más.agobio

Pero como todo lo que hacemos en virtud de la excelencia, podemos convertirlo en un en una pesada carga en lugar de en una herramienta útil.

Gabriel Ginebra en El japonés que estrelló el tren para ganar tiempo, utiliza esta idea: Menos es más. Simplicity wins. Deberíamos centrar nuestra  atención en las escasas partes de los procesos que realmente importan.

Para mejorar es necesario descartar, sintetizar, simplificar y no complicar. Pero,  parece que casi siempre hacemos todo lo contrario.

¿Hasta qué punto nuestros complicados modelos de gestión nos hacen más competentes? Tal vez convendría no forzar… En virtud de la competencia y las competencias, podemos volvernos completamente incompetentes.

Tratar de documentar y sistematizar todo y en exceso  no ayuda, más bien esclaviza. A veces el sentido común es el menos común e intuitivo de nuestros sentidos.

Competencias sí, pero ¿tantas?

Baltasar Gracián en su Oráculo manual y el arte de la prudencia,  señala que el saber vivir es el verdadero saber. Parece que hoy en día necesitamos aprender a vivir. No sabemos sin un manual lleno de instrucciones y definiciones.

Esto sucede con nuestro desempeño laboral. ¿Es realmente necesario definir y clasificar cientos de competencias que tienen que ver más bien con la sensatez y el sentido común?

La mayoría se podrían reducir a una actitud prudente ante la vida, las personas y el trabajo.

La prudencia es la madre de la ciencia y de las competencias

La frónesis, tal vez mal traducida como prudencia sería la madre de las competencias, la competencia más básica, genérica y transversal de todas. Y en ella creo que se concentran otras muchas, que conforman al hombre prudente.

La frónesis viene a ser la suma de prudencia y sensatez. Representa la eficacia intelectual de una mente lúcida y práctica al mismo tiempo, organizada y con sentido común.

Esta habilidad o competencia no debemos identificarla con la cautela, que es el sentido en el que solemos entender la prudencia, si no como la habilidad para pensar cómo y porqué debemos actuar para cambiar las cosas, especialmente para cambiar nuestras vidas.

Supone un equilibrio entre pensamiento, sentimiento y voluntad. Y al igual que las competencias, se demuestra en la acción y nos permite sacar provecho del momento.

El hombre prudente es capaz de decidir libremente sobre lo que es bueno para él y para su comunidad, en este caso, su entorno laboral. En general,  es aquél que sabe deliberar bien.

Como todas las competencias, la prudencia requiere de cierta experiencia y práctica. Porque se refiere a cosas concretas y particulares de la vida diaria.

Baltasar Gracián reconoce ya la importancia de conocer a las personas, tanto como a los libros. Y no sólo a las personas, si no a uno mismo. Esta es la clave del saber hacer y del querer hacer. Como afirma en esta cita: No hay mayor señorío que el de sí mismo, el de las propias pasiones.

El Hombre prudente tiene un buen conocimiento de sí mismo y por la tanto un gran dominio de sí, tanto de sus fortalezas como de sus debilidades.

Saber tomar las decisiones correctas en cada momento para mejorar la propia vida y la de los demás supone una planificación y una visión de futuro. La prudencia en sí misma es una cierta estrategia. Supone un análisis previo a la deliberación ante la toma de decisiones para poder elegir la opción correcta. El hombre prudente domina el pensamiento estratégico.

Tal vez no es necesario elaborar extensos catálogos de competencias con definiciones difíciles de comprender. No sé si eso nos ayuda o en su lugar, ralentiza y entorpece nuestro trabajo. Recordemos que menos es más. Y como dice Gracián, lo bueno si breve, dos veces bueno.

Sólo necesitamos tener en cuenta algunas competencias muy  básicas que son fruto del sentido común, como la prudencia entendida al estilo de Aristóteles o Gracián. Éstas nos sirven de guía para saber identificar lo que buscamos en nuestros colaboradores. Las competencias técnicas son más fáciles de detectar en su ser en potencia y así las podemos cultivar hasta su ser en pleno rendimiento. Ése es el verdadero desarrollo personal, el plan de carrera inteligente y el triunfo del pensamiento competente.

Habilidades y actitudes

Otro giro de tuerca en el mundo de las competencias o del ser competente, es el paso del simple saber hacer al querer hacer. Creo que estos dos conceptos no pertenecen al mismo conjunto.

La actitud aunque es considerada como un componente de las competencias, es más bien una cualidad y, además  muy variable. Las actitudes tienen que ver con el compromiso y éste con la motivación. No incluiría la actitud en el conjunto de las competencias.

Dave Ulrich distingue:

Competence: ability to do work, Commitment: willigness to work.

Es muy diferente el saber hacer que el querer hacer. Uno puede tener la capacidad de hacer un trabajo, dominar el saber hacer, pero no tener la voluntad para hacer ese trabajo con diligencia. En el último hay implícito un compromiso. No una habilidad para hacer sin más. Todos sabemos que no se desempeña de igual manera un trabajo o actividad cuando nos sentimos comprometidos e identificados que cuando tan sólo ejecutamos nuestra capacidad de hacer el trabajo.

Vamos un paso más allá de las competencias. El compromiso como actitud y la prudencia como competencia.

 

 

 

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4 Comentarios
  1. abril 9, 2014
    • abril 9, 2014
  2. abril 9, 2014
    • abril 9, 2014

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